martes, abril 17, 2012

Opinión: “¿Sirve la ley de tierras?”, por Alejandro Margulis


Por Alejandro Margulis*

En los últimos dos decenios se produjeron importantes adquisiciones de tierras argentinas por parte de extranjeros. La recién sancionada Ley de Tierras busca limitar este proceso, pero algunos sectores la tildan de insuficiente y tardía.

Allá, del otro lado de ese cerro verde, está Lago Escondido. Los turistas pueden pasar pero sólo avisando antes: hay que anotarse en una lista. Y los pobladores, en la medida en que se lo permitan…”, dice Roberto, un hombre flaco y de largo pelo canoso atado en una colita, con el brazo extendido hacia el paisaje de ñires y cipreses que se ve a través del ventanal de su casa en el cerro Saturnino, a unos diez kilómetros de El Bolsón, en el sur de la provincia de Río Negro. “Nosotros no nos arriesgaríamos a intentar pasar. En cada reunión que tuvimos en el Concejo Deliberante, cuando nosotros salíamos ellos entraban…”, agrega Silvia Rojas, su mujer, frente a un plato con tostadas y mermelada de ruibarbo casera. “Nos tienen marcados”, agrega.

Un rato después, en el auto, yendo por la curvilínea Ruta 40, pasamos frente a uno de los accesos al lago donde un cartel indica, en grandes letras, que ahí se abre un “camino privado”. “No estamos en contra de la propiedad. Lo que queremos es el acceso libre como en cualquier otra parte. ¿Por qué tengo que pedir permiso por lo que es público?”, se pregunta Silvia. Y recuerda: “Al acceso tradicional le sacaron los dos puentes y dragaron más profundo para evitar el paso. El administrador llegó a decir a los medios que iba a defender la propiedad privada con Winchester si hacía falta” (1).

Fuerte presencia extranjera

Silvia y Roberto forman parte de la Asamblea en Defensa del Agua y la Tierra, una de las muchas ONG argentinas conformadas por pobladores y por migrantes cuya subsistencia depende, en su mayoría, de los cultivos y la cría de animales de granja en chacras pequeñas. Su casa está enteramente construida en madera sobre un terreno de cuatro hectáreas que compraron en el año 2002, cuando decidieron cambiar de aire; enclavada en la pendiente del Saturnino, tiene a su alrededor un gallinero, un pequeño vivero y algunas jaulas con conejos; hay que recorrer un buen tramo de camino polvoriento y sinuoso para llegar hasta ella desde el vecino Mallín Ahogado, donde el agua escasea. Como el resto de sus compañeros de la Asamblea, exigen que la nieve y las montañas sean para los vecinos y los turistas y no para un público exclusivo, al igual que las nacientes, las fuentes y los reservorios de agua dulce que, sostienen, “deberían declararse áreas intangibles de máxima protección ambiental”.

Entrevistados poco después de que el Congreso de la Nación promulgase la Ley de Protección al Dominio Nacional sobre Propiedad, Posesión o Tenencia de Tierras Rurales (2), más conocida como Ley de Tierras, la reacción de los pobladores como ellos frente a la iniciativa fue y sigue siendo de escepticismo o indiferencia. Saben que si hoy se colocaran banderitas de los diferentes países del mundo sobre Argentina, el mapa quedaría rápidamente cubierto con particular acumulación a lo largo de las regiones montañosas andinas, desde Famatina en La Rioja al Glaciar Perito Moreno en Santa Cruz, incluyendo los reservorios boscosos del noroeste y los yacimientos acuíferos del litoral mesopotámico, donde el agua es un recurso estratégico mundial. 

“El país está en venta. Se han vendido más de 16.900.000 hectáreas de tierra a extranjeros”, escribía en una carta abierta a Cristina Fernández de Kirchner el premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel, en 2008: “Le recuerdo que detrás de cada número hay rostros de niños, hombres y mujeres, jóvenes y ancianos que nos cuestionan e interpelan y reclaman un lugar justo y digno en la vida. Debemos preguntarnos si el sueño de nuestros mayores, sus luchas y esperanzas de construir un país libre y soberano fue sólo una quimera.” Nota completa

* Periodista y editor del portal www.ayeshalibros.com.ar

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