Por Flía. Rodríguez de Tomaso
Tengo el agrado de dirigir a Ud. y por su digno intermedio a la ciudadanía en general, a fin de poder canalizar la imperiosa necesidad de expresar, por medio de la presente, el beneplácito que me provoca la reciente sentencia recaída en el juicio de la verdad y la angustia que me provoca, el crimen sangriento de tres policías en la ciudad de La Plata.
Decir la Ley es, en primer lugar, reconocer los conflictos y los contradicciones que oponen a los hombres considerados como individuos, y a los grupos en lo cuales hacen prevalecer sus intereses comunes y divergentes respecto de otros grupos. Es precisar lo que está en juego en estos conflictos y la violencia que pretende tratarlos, es decir, definir las modalidades de resolución.
En la medida en que el Derecho es un acto de palabra, se opone a la violencia cuerpo a cuerpo, es testimonio del contrato social, que no es otra cosa que el intento de resolver a través del leguaje y de la palabra entredicha lo que de otra manera quedaría librado a la violencia del cuerpo a cuerpo. Este desvío necesario a través de la lengua y el habla implica renunciar a la satisfacción directa de los objetivos pulsionales para fundar una comunidad de derecho y la posibilidad misma de la cultura.(Párrafo extraído de la obra: La impunidad, amenaza contra lo simbólico, pagina 16 La Impunidad –una perspectiva psicosocial y clínica Editorial Sudamericana).
En definitiva, lo extraordinario que tiene una sentencia condenatoria, en los casos de Etchecolatz y Von Wernich, o una sentencia al fin es que dice la ley, que los testigos hablan, que la verdad sale a la luz, que se cimienta la verdadera y única reconciliación posible.
Pero dicha verdad, ya no más va a ser un mero discurso, una denuncia, un grito desesperado de justicia, es el reconocimiento liso y llano del padecimiento sufrido.-
Este resulta el camino posible y lógico en un estado democrático de derecho.
Ahora bien, los personeros de la muerte, los que pretenden quedar impunes, los que niegan el genocidio, la muerte, las desapariciones, los secuestros de bebes, las violaciones, los robos y todas las atrocidades del terrorismo de estado instalado por el proceso militar y sus cómplices, al sentirse amenazados pretenden volver a instalar, el terror, hacer resurgir el temor, los fantasmas del pasado.
Y por eso, más que nunca resulta necesario sostener este proceso de “justicia”, como único camino posible.
La desaparición de López, la amenaza a testigos y todos los desaparecidos de la democracia, echan por tierra al “Nunca Más” y para que ello no sea nada más que una expresión de deseo de una sociedad aterrorizada, más que nunca resulta necesario, hacer caso a la petición de aquellas “viejas locas”, -locas de verdad, convicción y certidumbre-, que el único camino, es “juicio y castigo”, para todos los genocidas responsables y sus cómplices.
El camino marcado, no va a estar exento de piedras y escollos, de obstáculos que solo serán superados con la clara convicción profunda y sostenimiento de los juicios por la verdad y la justicia.
No es casual el macabro asesinato de tres policías en horas próximas al acto eleccionario, ellos gozaron de impunidad y es un estado al que no desean renunciar, un privilegio ganado a fuerza de terror y con métodos que vuelven a utilizar, porque en aquellos tiempos le resultó eficaz, porque así se impusieron en contra de una mayoría, porque así se mantuvieron impunes.
Este es hoy el nuevo desafío de la democracia, de todos los ciudadanos.-
No podemos volver a tolerar la impunidad en ninguna de sus formas, no podemos volver a tolerar la indiferencia, ningún dolor humano nos puede ser ajeno, ningún crimen nos puede resultar insensible.
El temor, vuelve hoy como ayer a ser instrumental para sus fines, ayer contra el diferente ideológico, el que pensaba distinto (para aplastarlo y eliminarlo), hoy contra el delincuente “común”, los excluidos, los desarropados, porque los ven amenazantes a sus intereses.
No resulta casual, que la virulencia delictual recrudezca de tal manera, hasta constituirse en un hecho político.
No es casual, que los que proponen solución y hacen de esta cuestión, su idea fuerza política, todos hablen de “mano dura” y de alguna manera (sea como ejecutores, cómplices, participes directos o tolerantes complacientes, sostenedores del modelo económico –por que en definitiva siempre a las claras se habla de plata y de la distribución de la riqueza-,) se encuentren vinculados con el denominado proceso de reorganización nacional.
Solo vasta rastrear en el pasado, no se dejen engañar, que el temor no los justifique para hacerse cargo cada uno de su responsabilidad ciudadana.
León Greco, en su canción la memoria, nos dice: “la justicia que mira y no ve… (Ahora sí), Todo está escondido en la memoria, refugio de la vida y de la historia, Fue cuando se callaron las iglesias, fue cuando el fútbol se lo comió todo, que los padres palotinos y Angelelli dejaron su sangre en el lodo, Todo está escondido en la memoria, refugio de la vida y de la historia. La memoria estalla hasta vencer a los pueblos que la aplastan y que no la dejan ser libre como el viento…”
Esta contradicción que pone en evidencia este brillante artista popular, hoy se vuelve a reeditar, por cuanto el silencio cómplice de las cúpulas de ayer, contra los ciudadanos en general y contra sus propios integrantes (Polatinos y Angelelli), hoy se reproduce con el hostigamiento a los innumerables curas que dejan su vida haciendo apostolado con los pobres y la indiferencia, el silencio ante la sentencia condenatoria de Von Wernich.
Debemos reconocer que el horror, necesita un tiempo para ser procesado por la sociedad, en una mirada retrospectiva, tal vez las sentencias de hoy, los juicios de la verdad, no podrían haber sido posibles sin el fortalecimiento de la democracia, con el paso del tiempo.
Tal vez, solo tal vez, las victimas del genocidio del terrorismo de estado, deban esperar el tiempo que espero Galileo Galilei, para ser salvados, reconocidos.
Por que mientas quede un hijo de desaparecido con identidad cambiada o un genocida sin castigo, no va ser posible la verdadera paz.
Porque, el juicio y castigo es el único camino posible, sostengamos el cambio, fortalezcamos el cambio, llenando las urnas de votos.
Atentamente.
Juan José Cantiello
Diputado Provincial
Presidente de la Comisión de Derechos Humanos
Tengo el agrado de dirigir a Ud. y por su digno intermedio a la ciudadanía en general, a fin de poder canalizar la imperiosa necesidad de expresar, por medio de la presente, el beneplácito que me provoca la reciente sentencia recaída en el juicio de la verdad y la angustia que me provoca, el crimen sangriento de tres policías en la ciudad de La Plata.
Decir la Ley es, en primer lugar, reconocer los conflictos y los contradicciones que oponen a los hombres considerados como individuos, y a los grupos en lo cuales hacen prevalecer sus intereses comunes y divergentes respecto de otros grupos. Es precisar lo que está en juego en estos conflictos y la violencia que pretende tratarlos, es decir, definir las modalidades de resolución.
En la medida en que el Derecho es un acto de palabra, se opone a la violencia cuerpo a cuerpo, es testimonio del contrato social, que no es otra cosa que el intento de resolver a través del leguaje y de la palabra entredicha lo que de otra manera quedaría librado a la violencia del cuerpo a cuerpo. Este desvío necesario a través de la lengua y el habla implica renunciar a la satisfacción directa de los objetivos pulsionales para fundar una comunidad de derecho y la posibilidad misma de la cultura.(Párrafo extraído de la obra: La impunidad, amenaza contra lo simbólico, pagina 16 La Impunidad –una perspectiva psicosocial y clínica Editorial Sudamericana).
En definitiva, lo extraordinario que tiene una sentencia condenatoria, en los casos de Etchecolatz y Von Wernich, o una sentencia al fin es que dice la ley, que los testigos hablan, que la verdad sale a la luz, que se cimienta la verdadera y única reconciliación posible.
Pero dicha verdad, ya no más va a ser un mero discurso, una denuncia, un grito desesperado de justicia, es el reconocimiento liso y llano del padecimiento sufrido.-
Este resulta el camino posible y lógico en un estado democrático de derecho.
Ahora bien, los personeros de la muerte, los que pretenden quedar impunes, los que niegan el genocidio, la muerte, las desapariciones, los secuestros de bebes, las violaciones, los robos y todas las atrocidades del terrorismo de estado instalado por el proceso militar y sus cómplices, al sentirse amenazados pretenden volver a instalar, el terror, hacer resurgir el temor, los fantasmas del pasado.
Y por eso, más que nunca resulta necesario sostener este proceso de “justicia”, como único camino posible.
La desaparición de López, la amenaza a testigos y todos los desaparecidos de la democracia, echan por tierra al “Nunca Más” y para que ello no sea nada más que una expresión de deseo de una sociedad aterrorizada, más que nunca resulta necesario, hacer caso a la petición de aquellas “viejas locas”, -locas de verdad, convicción y certidumbre-, que el único camino, es “juicio y castigo”, para todos los genocidas responsables y sus cómplices.
El camino marcado, no va a estar exento de piedras y escollos, de obstáculos que solo serán superados con la clara convicción profunda y sostenimiento de los juicios por la verdad y la justicia.
No es casual el macabro asesinato de tres policías en horas próximas al acto eleccionario, ellos gozaron de impunidad y es un estado al que no desean renunciar, un privilegio ganado a fuerza de terror y con métodos que vuelven a utilizar, porque en aquellos tiempos le resultó eficaz, porque así se impusieron en contra de una mayoría, porque así se mantuvieron impunes.
Este es hoy el nuevo desafío de la democracia, de todos los ciudadanos.-
No podemos volver a tolerar la impunidad en ninguna de sus formas, no podemos volver a tolerar la indiferencia, ningún dolor humano nos puede ser ajeno, ningún crimen nos puede resultar insensible.
El temor, vuelve hoy como ayer a ser instrumental para sus fines, ayer contra el diferente ideológico, el que pensaba distinto (para aplastarlo y eliminarlo), hoy contra el delincuente “común”, los excluidos, los desarropados, porque los ven amenazantes a sus intereses.
No resulta casual, que la virulencia delictual recrudezca de tal manera, hasta constituirse en un hecho político.
No es casual, que los que proponen solución y hacen de esta cuestión, su idea fuerza política, todos hablen de “mano dura” y de alguna manera (sea como ejecutores, cómplices, participes directos o tolerantes complacientes, sostenedores del modelo económico –por que en definitiva siempre a las claras se habla de plata y de la distribución de la riqueza-,) se encuentren vinculados con el denominado proceso de reorganización nacional.
Solo vasta rastrear en el pasado, no se dejen engañar, que el temor no los justifique para hacerse cargo cada uno de su responsabilidad ciudadana.
León Greco, en su canción la memoria, nos dice: “la justicia que mira y no ve… (Ahora sí), Todo está escondido en la memoria, refugio de la vida y de la historia, Fue cuando se callaron las iglesias, fue cuando el fútbol se lo comió todo, que los padres palotinos y Angelelli dejaron su sangre en el lodo, Todo está escondido en la memoria, refugio de la vida y de la historia. La memoria estalla hasta vencer a los pueblos que la aplastan y que no la dejan ser libre como el viento…”
Esta contradicción que pone en evidencia este brillante artista popular, hoy se vuelve a reeditar, por cuanto el silencio cómplice de las cúpulas de ayer, contra los ciudadanos en general y contra sus propios integrantes (Polatinos y Angelelli), hoy se reproduce con el hostigamiento a los innumerables curas que dejan su vida haciendo apostolado con los pobres y la indiferencia, el silencio ante la sentencia condenatoria de Von Wernich.
Debemos reconocer que el horror, necesita un tiempo para ser procesado por la sociedad, en una mirada retrospectiva, tal vez las sentencias de hoy, los juicios de la verdad, no podrían haber sido posibles sin el fortalecimiento de la democracia, con el paso del tiempo.
Tal vez, solo tal vez, las victimas del genocidio del terrorismo de estado, deban esperar el tiempo que espero Galileo Galilei, para ser salvados, reconocidos.
Por que mientas quede un hijo de desaparecido con identidad cambiada o un genocida sin castigo, no va ser posible la verdadera paz.
Porque, el juicio y castigo es el único camino posible, sostengamos el cambio, fortalezcamos el cambio, llenando las urnas de votos.
Atentamente.
Juan José Cantiello
Diputado Provincial
Presidente de la Comisión de Derechos Humanos




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