Enviado por Ricardo MódicaCuando el Che estaba clandestino en el Congo, recibió la noticia de la muerte de su madre. Escribió entonces un breve relato titulado La Piedra que en un párrafo dice: "Sólo sé que tengo una necesidad física de que aparezca mi madre y yo recline mi cabeza en su regazo magro y ella me diga ‘mi viejo’', con una ternura seca y plena y sentir en el pelo su mano desmañada, acariciándome a saltos, como un muñeco de cuerda, como si la ternura le saliera por los ojos y la voz, porque los conductores rotos no la hacen llegar a las extremidades. Y las manos palpan más que acarician, pero la ternura resbala por fuera y las rodea y uno se siente tan bien, tan pequeñito y tan fuerte. No es necesario pedirle perdón; ella lo comprende todo, uno lo sabe cuando escucha ese 'mi viejo'...".




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