Por Nivea Benítez
Es difícil hablar de lo que no se ve, sin embargo todos sentimos de una u otra manera los cambios. Notamos que tenemos respuestas diferentes a los mismos hechos y reconocemos una gran necesidad de saber acerca de la Tierra y del Sistema Solar como nunca antes.
No es casualidad que haya tantos programas en la tele que hablen de las Profecías Mayas o sobre astronomía. Ni hablar de aquellos más curiosos que visitamos páginas de internet donde se habla de los hermanos extraterrestres, de los intraterrenos y del viaje de nuestro sistema solar hacia el centro de la galaxia.
Un gran velo está cayendo mostrando lo que fue ocultado durante siglos: que no estamos solos en el universo, que provenimos de otros mundos y que nuestro futuro está lleno de Amor y de Luz.
De a poco nos vamos sacando de encima las mentiras que nos mantuvieron amarrados a un vivir errado.
Despacio nos estamos liberando de representar al estereotipo predecible y a la moda que nos consume cada vez menos energía. Ya guardamos un poco para conocernos y aceptarnos, para disponer de tiempo con los que amamos y comenzamos a desplegar nuestra creatividad. Muchos, gracias a la crisis, debimos buscar nuevas formas de ganarnos la vida explorando otras posibilidades. Aún creemos demasiado en el poder del sueldo seguro y de la obra social.
Aquí y allá florecen los invernáculos familiares y comunitarios, reciclamos la basura, generamos compost. Junto a las macetas de flores proliferan la albahaca, el tomillo, el orégano y hasta lechugas.
Volvimos a las ferias, a la producción casera de alimentos sin químicos ni conservantes en lo posible y si no vean cómo se venden los hornitos eléctricos de pan. Y seguiremos avanzando sin duda en ese sentido porque las grandes concentraciones: de gente, de poder, de fábricas e insumos, tienen los días contados.
El gran desafío del momento es vencer al miedo. Si nuestro corazón está lleno de amor no hay lugar para el temor. Permitamos que el flujo luminoso que nos llega del cosmos nos inunde y confiemos en el amor como nuestra verdadera salvación.
Es difícil hablar de lo que no se ve, sin embargo todos sentimos de una u otra manera los cambios. Notamos que tenemos respuestas diferentes a los mismos hechos y reconocemos una gran necesidad de saber acerca de la Tierra y del Sistema Solar como nunca antes.
No es casualidad que haya tantos programas en la tele que hablen de las Profecías Mayas o sobre astronomía. Ni hablar de aquellos más curiosos que visitamos páginas de internet donde se habla de los hermanos extraterrestres, de los intraterrenos y del viaje de nuestro sistema solar hacia el centro de la galaxia.
Un gran velo está cayendo mostrando lo que fue ocultado durante siglos: que no estamos solos en el universo, que provenimos de otros mundos y que nuestro futuro está lleno de Amor y de Luz.
De a poco nos vamos sacando de encima las mentiras que nos mantuvieron amarrados a un vivir errado.
Despacio nos estamos liberando de representar al estereotipo predecible y a la moda que nos consume cada vez menos energía. Ya guardamos un poco para conocernos y aceptarnos, para disponer de tiempo con los que amamos y comenzamos a desplegar nuestra creatividad. Muchos, gracias a la crisis, debimos buscar nuevas formas de ganarnos la vida explorando otras posibilidades. Aún creemos demasiado en el poder del sueldo seguro y de la obra social.
Aquí y allá florecen los invernáculos familiares y comunitarios, reciclamos la basura, generamos compost. Junto a las macetas de flores proliferan la albahaca, el tomillo, el orégano y hasta lechugas.
Volvimos a las ferias, a la producción casera de alimentos sin químicos ni conservantes en lo posible y si no vean cómo se venden los hornitos eléctricos de pan. Y seguiremos avanzando sin duda en ese sentido porque las grandes concentraciones: de gente, de poder, de fábricas e insumos, tienen los días contados.
El gran desafío del momento es vencer al miedo. Si nuestro corazón está lleno de amor no hay lugar para el temor. Permitamos que el flujo luminoso que nos llega del cosmos nos inunde y confiemos en el amor como nuestra verdadera salvación.




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