martes, marzo 23, 2010

La UCR cuestiona la embestida minera en Chubut

Enviado por Carlos Darío Santos
Por Convención Provincial Unión Cívica Radical de la Provincia de Chubut

Nuestra provincia adolece de una visión integral e integradora de todo su potencial socio económico, padece la inexistencia de una política de estado que ponga en marcha el proyecto de desarrollo sustentable, alternativo al esquema existente que propicia la enajenación transnacional de nuestras fuentes energéticas, la extinción de nuestros recursos y la degradación irreversible del ambiente irrespetando irresponsablemente la concepción de que "el Desarrollo Sustentable es aquel que satisfaciendo las necesidades y las aspiraciones del presente, no comprometiendo la capacidad de las futuras generaciones de satisfacer sus propias necesidades y aspiraciones".

El mineral más importante, estratégico, vital e imprescindible que poseemos los Chubutenses es el agua, y todas las demás acciones productivas deberán estar supeditadas al resguardo de esta riqueza, teniendo en cuenta de que más de la mitad de nuestro territorio está constituido por cuencas hídricas, y por lo tanto la falta de políticas sostenibles sobre producción agropecuaria, forestal, industrial y hasta de ocupación territorial, atentan contra ese recurso sobre el cual estamos teniendo un comportamiento pernicioso e irresponsable, provocando la verdadera debacle del recurso, negando su condición de bien social, económico y agotable.

La incorporación de la megaminería del oro y la plata a las actividades económicas de la provincia cambiará temporariamente nuestra matriz productiva y definitivamente nuestro perfil de provincia, dejando en la mayoría de sus habitantes la impronta indeleble de la gran minería que exhiben muchas regiones de nuestro país y el mundo, convenciendo a sus sociedades con el espejismo de la las riquezas imperiales, pero condenándolos a corto plazo a la eterna pobreza del subdesarrollo el despojo y la irreversibilidad.

Una actividad extractiva como la megaminería, no alcanzan sustentabilidad económica, ambiental o social, no garantiza la base fundamental de recursos vitales como el agua, el suelo o el aire, atenta contra la ocupación territorial, e implanta un modelo discriminatorio de distribución de la renta, reduciendo a las empresas y sus promotores provinciales el acceso a los beneficios de la explotación, en tanto que sus temporarios y magros efectos económicos locales, no gravitaran en el mejoramiento de la calidad de vida de los habitantes de la meseta central.

Ante la incapacidad gubernamental de encontrar alternativas productivas de continencia social en la meseta central, acepta la megaminería como un paliativo para la región, desechando la manifiesta desigualdad que se producirá en la distribución de los costos beneficios, los efectos devastadores en suelos, ríos, lagos, lagunas y aguas subterráneas que desaparecerán, juntos a toda su biodiversidad, y el irreversible destino de esas comunidades que quedaran empobrecidas y casi extinguidas al cierre de las operaciones, sin considerar además el patrimonio cultural y natural destruidos definitivamente, como queda palmariamente demostrado por el accionar de esta actividad en todo el mundo, y sin que las sociedades afectadas hayan alcanzado índices de desarrollo y crecimiento acordes con lo que postulan los gobiernos que auspician a estas empresas (las mismas que han actuado en muchos países y cuyos capitales transnacionales operan hoy en el nuestro ).

La sociedad chubutense no debe tolerar que funcionarios circunstanciales y un grupo de tecnócratas diseñen leyes y políticas que impulsen la megaminería, que nieguen y desconozcan toda una historia mundial de despojo, desolación, degradación y abandono, que faciliten a través de una asociación económica/política que la rapiña transnacional antisolidaria, retrograda y colonial, repita en nuestra provincia su centenaria actitud de avasallamiento, saqueo y abandono.

Las posibilidades de transitar al desarrollo sustentable - lejos de la voraz teoría transnacional de tierra arrasada - encontraran su origen en la disposición de la ciudadanía chubutense cuando en su conjunto adhirieron a un objetivo excluyente; salvaguardar a la provincia del peligro y consecuencias de constituirnos en un basurero nuclear continental, actitud y concepción ratificada por la movilización de los ciudadanos de la comarca andina en oposición indiscutible al inicio de las actividades mineras en la región.

Es falsa la premisa de que el progreso se paga con contaminación, es irresponsable desconocer alternativas de desarrollo y crecimiento encontradas en otras zonas del país y del mundo con limitaciones naturales similares o peores que las que ofrece la meseta, pero es incuestionable que una medida como la de autorizar la megaminería en la provincia va mas allá de un grupo de hombres que confunden al estado con sus necesidades partidarias. Nuestro futuro debe ser el resultado de la concentración de esfuerzos y voluntades, lo que asegura compromiso, participación y diversidad de ópticas, de la transparencia gestionaría; que garantice competencia de actores e integridad en acuerdos o compromisos y de la intervención comunitaria, que defina las conveniencias, consecuencias o compatibilidades.

Los radicales instamos a los chubutenses a asumir una actitud valiente y soberana, concluyamos que el oro y la plata no son minerales estratégicos que varíen el destino económico de la provincia más allá de las “regalías” y lo “temporario y circunstancial “de su efecto, definamos con los aportes plurales, la verdadera, real y sustentable matriz productiva provincial en donde el crecimiento económico y el desarrollo sean el producto de la interacción de los factores sociales, culturales y productivos, fruto de la capacidad de organización social de nuestra comunidad y sus dirigentes que, apostando a otros recursos naturales, tecnológicos y humanos se ensamblen con la cultura conservacionista de nuestro pueblo, universalicen nuestras riquezas y obtengan de ello los ingresos equivalentes, en una verdadera política de estado que garantice el bienestar general, alejada de toda conveniencia, especulación o claudicación gubernamental, partidaria o sectorial.

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