Por Diego Colinamún *
Con la puesta de Potestad en el Teatro del Muelle Elbio
Mellado se mete en la piel de un clásico contemporáneo. Potestad Impacta y
emociona,
Caminar con la frente en alto es el modo de vida necesario
para esquivar a tanto muerto por debajo o por los costados del camino. Pisar
cadáveres es siempre una molestia. En la ciudad hay muertos por abajo de la
alfombra, en el clóset y hasta desborda la heladera de cadáveres a la hora del
té, pero no es importante hasta que golpean la puerta y te vienen a buscar. Ahí
es personal. La muerte, aunque este cimentada en millones de muertes, ahora
importa; Cuando es tu puerta la que suena al abrirse y tu grito el que se
vuelve silencio seco para los vecinos que no ven cuando te llevan, ni te
escuchan cuando gritás, porque ya estás debajo de la alfombra.
El sábado en el Teatro del Muelle, Elbio Mellado presentó
una nueva función de Potestad, la obra de Tato Pavlovksy y todos los asistentes
se fueron con las mismas preguntas ¿Cuántas capas de silencio y de mentira
pavimentan las ciudades? ¿Cuántas rellenan las alfombras? Y la más inquietante,
¿Cuántas estamos dispuestos a soportar? El personaje que aparece entre las dos
sillas, única escenografía de la puesta, nos resuelve el problema a los minutos
de empezada la obra, cuando nos repite casi como mantra que “si dividimos, si
sectorizamos… todo puede resultar gracioso. El problema es unir, totalizar, ahí
aparece la tragedia, nos reímos cuando
sectorizamos, cuando aislamos cuidadosamente cada gesto”. Es sencillo entonces
mirar para otro lado hasta que, claro, no se diferencie un lado del otro.
Un hombre de poco más de cincuenta años nos cuenta que le
robaron su tesoro más preciado: Adriana no está, se llevaron a su hija, de su
casa. Los hechos recién comienzan y a partir de allí, Mellado será habitado por
justos y pecadores, víctimas y víctimarios y en poco más de una hora Potestad
desdibujará los límites de unos y otros. La puesta, una adaptación de la obra
de Pavlovsky (Potestad, 1984) impacta por la solidez que aporta el actor
sobre el escenario en un notorio trabajo corporal para concebir personajes que
emocionan y aterrorizan en una apuesta que no deja indeferentes a quienes
concurren. El trabajo de composición de los personajes que lo habitan, tanto
como los que generan el contexto aunque no estén - Ana María,la esposa del
personaje- señalan problemáticas que exceden el marco de la apropiación de
menores durante la última dictadura e interpelan sobre la condición humana, el
amor y la capacidad de entender hasta que infiernos podemos descender.
Mellado vuelve a vincular arte y política y con ello, poner
al espectador en el papel incómodo de cuestionar sus propias prácticas. Esa
molestia dura varios días después de terminada la obra y es, bienvenido sea,
una de la razones por las que se vuelve necesaria de ver. Unifica Potestad tres
relatos paralelos: El genocidio instaurado desde el Estado, el crimen de lesa
humanidad que es el secuestro de menores y el asesinato de sus progenitores -
la pérdida de la identidad - y la
múltiple moral en los actos particulares, de todos los días, sobre la que
descansa el horror. Potestad es una obra para pensar el mal como el ruido
primario donde se acoplan mucho otros ruidos.
Potestad se presentó en el Mes de Abril en el Teatro del
Muelle de la Ciudad
de Puerto Madryn.Entrada 30 pesos. Avenida Guillermo Rawson 60, Puerto Madryn,
Chubut .
* Colinamún es periodista, trabaja en radio y escribe
columnas para el suplemento Menos Mal del diario crónica de Comodoro Rivadavia.





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