La nueva fuerza nacional y popular nace con una diversidad de identidades políticas al igual que en 1945
Por Néstor Dante Rubio
El 1ro. de julio de 1974 muere el criollo Juan Perón, cofundador del movimiento de liberación nacional y justicia social más poderoso del siglo pasado, conjuntamente con la masa de los “descamisados” procedentes de diversas identidades políticas anteriores que salió a las calles el 17 de octubre de 1945.
Por Néstor Dante RubioEl 1ro. de julio de 1974 muere el criollo Juan Perón, cofundador del movimiento de liberación nacional y justicia social más poderoso del siglo pasado, conjuntamente con la masa de los “descamisados” procedentes de diversas identidades políticas anteriores que salió a las calles el 17 de octubre de 1945.
Hoy, cuando ha aumentado la heterogeneidad política e ideológica de los dirigentes que se identifican como peronistas los hay en distintas proporciones en las fuerzas que apoyan a Kirchner, a Menem, a Rodríguez Saá, a Macri, a Lavagna y a otros de menor implantación pública- creemos que uno de los homenajes que podemos rendirle es definir sintéticamente lo que es medularmente el peronismo para nosotros.
En lo mediato y dentro de la crisis generalizada de los partidos tradicionales, ante las diferentes opciones que se le ofrecen a las bases peronistas, todavía no existe una total certidumbre hacia donde se canalizará la mayoría de ellas en confluencia con otras (como de parecida manera ocurre con las radicales y progresistas): hacia una nueva forma del conservadorismo liberal antinacional al estilo del menemismo, o a una actualización del desarrollismo 1958, o a una renovación de la hasta ahora híbrida centroizquierda o, a una nueva fuerza nacional, popular, participativa y latinoamericanista integrada por una diversidad de identidades políticas al igual que en 1945, entre ellas los peronistas que levantamos sus banderas originarias- continuadora y superadora sí de sus realizaciones del pasado.
El movimiento atravesó distintas etapas y fases, en vida de Perón y sin él éstas -de lejos las peores de todas-, para nosotros la fundamental es la transcurrida entre 1944-1955. Fue un movimiento de liberación nacional, terminó con el dominio del imperialismo inglés e impidió su reemplazo por el estadounidense; no se alineó detrás de alguno de los dos
bloques en la “guerra fría” y fijó una tercera posición; no se adhirió al FMI y acabó con la deuda externa; impulsó la unidad latinoamericana con el ABC y el ATLAS sindical, etc., etc. Todo ello en una relación de fuerzas con el exterior desfavorable, sometido a constantes presiones, bloqueos y semibloqueos.
Se creó un Estado fuerte, planificador, regulador, interventor y promotor en la economía; nacionalizando y estatizando las empresas de servicios públicos, el Banco Central y los depósitos bancarios, creando el IAPI para controlar gran parte del comercio exterior, etc., etc., y la nueva Constitución Nacional de 1949 estableció que el petróleo, el gas y demás fuentes de energía eran propiedad inalienable de la Nación.
Esa Constitución de definida impronta social reemplazó a la liberal de 1853, consagró que el capital, la propiedad privada y la actividad económica cumplen una función social, que el trabajo “es la causa de todas las conquistas de la civilización y el fundamento de la prosperidad general”, fijó los derechos al salario justo, al trabajo y a la seguridad social, etc., etc. La justicia social tuvo múltiples realizaciones, la participación de los trabajadores en el ingreso nacional llegó a superar el 50% y sus profundizaciones en el futuro se irían concretando acorde con la decisión de los mismos.
Hoy, con la presidencia de Néstor Kirchner se vienen recuperando los niveles de soberanía nacional entregados y ampliando, consolidando los lazos de unidad latinoamericana, como así también la fortaleza de un Estado que con el dominio del neoliberalismo se había convertido en un instrumento de los grandes grupos económicos nativos y extranjeros.
Para aumentar el poder, la organización y participación de las mayorías populares sin las cuales no hay posibilidad de ampliar y profundizar este cambio de rumbo emprendido- hay que seguir recuperando gradual y firmemente entre todos -trabajadores, militantes y gobierno- las conquistas sociales arrebatadas y ese 50% de participación en el ingreso en el menor tiempo posible.
En lo mediato y dentro de la crisis generalizada de los partidos tradicionales, ante las diferentes opciones que se le ofrecen a las bases peronistas, todavía no existe una total certidumbre hacia donde se canalizará la mayoría de ellas en confluencia con otras (como de parecida manera ocurre con las radicales y progresistas): hacia una nueva forma del conservadorismo liberal antinacional al estilo del menemismo, o a una actualización del desarrollismo 1958, o a una renovación de la hasta ahora híbrida centroizquierda o, a una nueva fuerza nacional, popular, participativa y latinoamericanista integrada por una diversidad de identidades políticas al igual que en 1945, entre ellas los peronistas que levantamos sus banderas originarias- continuadora y superadora sí de sus realizaciones del pasado.
El movimiento atravesó distintas etapas y fases, en vida de Perón y sin él éstas -de lejos las peores de todas-, para nosotros la fundamental es la transcurrida entre 1944-1955. Fue un movimiento de liberación nacional, terminó con el dominio del imperialismo inglés e impidió su reemplazo por el estadounidense; no se alineó detrás de alguno de los dos
bloques en la “guerra fría” y fijó una tercera posición; no se adhirió al FMI y acabó con la deuda externa; impulsó la unidad latinoamericana con el ABC y el ATLAS sindical, etc., etc. Todo ello en una relación de fuerzas con el exterior desfavorable, sometido a constantes presiones, bloqueos y semibloqueos.
Se creó un Estado fuerte, planificador, regulador, interventor y promotor en la economía; nacionalizando y estatizando las empresas de servicios públicos, el Banco Central y los depósitos bancarios, creando el IAPI para controlar gran parte del comercio exterior, etc., etc., y la nueva Constitución Nacional de 1949 estableció que el petróleo, el gas y demás fuentes de energía eran propiedad inalienable de la Nación.
Esa Constitución de definida impronta social reemplazó a la liberal de 1853, consagró que el capital, la propiedad privada y la actividad económica cumplen una función social, que el trabajo “es la causa de todas las conquistas de la civilización y el fundamento de la prosperidad general”, fijó los derechos al salario justo, al trabajo y a la seguridad social, etc., etc. La justicia social tuvo múltiples realizaciones, la participación de los trabajadores en el ingreso nacional llegó a superar el 50% y sus profundizaciones en el futuro se irían concretando acorde con la decisión de los mismos.
Hoy, con la presidencia de Néstor Kirchner se vienen recuperando los niveles de soberanía nacional entregados y ampliando, consolidando los lazos de unidad latinoamericana, como así también la fortaleza de un Estado que con el dominio del neoliberalismo se había convertido en un instrumento de los grandes grupos económicos nativos y extranjeros.
Para aumentar el poder, la organización y participación de las mayorías populares sin las cuales no hay posibilidad de ampliar y profundizar este cambio de rumbo emprendido- hay que seguir recuperando gradual y firmemente entre todos -trabajadores, militantes y gobierno- las conquistas sociales arrebatadas y ese 50% de participación en el ingreso en el menor tiempo posible.
Continuar hoy luchando por la liberación nacional y social es la auténtica manera de honrarlo, patriota Juan Perón, a 32 años de su muerte.




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