domingo, julio 23, 2006

Argentina, Chubut y su relación con el mundo

Por Ricardo Bustos

La semana pasada leía un meridiano artículo del ex vice canciller Andrés Cisneros, en el que se refería a nuestra forma juridicista en que nos movemos frente a desafíos que la dinámica política internacional nos plantea.

Cisneros decía que afortunadamente aún no hemos vuelto al otrora Movimiento de los No Alineados al que adscribía enfáticamente la última dictadura militar argentina.

Tampoco seguimos vendiéndole misiles a Medio Oriente y tecnología nuclear ilegalmente a Irán, al igual que no hemos vuelto -por ahora- a ser el quinto país del mundo que más votaba en oposición a Estados Unidos en Naciones Unidas, sin embargo hoy en día tenemos algunos indicios de retrocesos verificables en nuestra política exterior y en nuestra relación con la sana inversión "extranjera".

Claramente estamos avanzando en la misma dirección a como nos comportábamos en el pasado -decía Cisneros-, especialmente durante los gobiernos militares, cuando nos peleábamos con los vecinos y pasamos a votar respecto de Cuba de la misma manera que Fidel Castro votaba protegiendo a Pinochet y Videla cuando los derechos humanos que se violaban eran los nuestros.

Dos de esos indicios son, por un lado, el regreso a políticas si no aún de hostilidad, sí de crecientes conflictos con los vecinos. Y por el otro, una clara tendencia al juridicismo, característica propia de los estados que, al encontrarse impotentes para cambiar la realidad, optan por actitudes meramente principistas, donde lo que importa más es tener razón antes que solucionar los problemas.

El vice canciller afirma que los conflictos con los vecinos no pasan simplemente por una cuestión de temperamento personal de los gobernantes o por eventuales exabruptos protocolares sino por una entera forma de hacer política y, por lo tanto, de definir cómo nos vamos a relacionar entre nosotros y cómo nuestros gobernantes van a relacionarse con el mundo y los inversores.

Desde hace tres años nos encontramos en el período más bajo de entendimiento con nuestros vecinos, con la emergencia de conflictos como el del gas con Chile o las plantas de celulosa de Uruguay en que no se percibe la aplicación de mecanismos de diálogo y negociaciones que caracteriza a las políticas de cooperación.

El MERCOSUR atraviesa por un momento difícil. Hoy por hoy, nos limitamos a discutir únicamente cómo podríamos, al menos, conservar el MERCOSUR.

Es cierto, allí se explica, en parte, el éxodo de Chile y Uruguay a Tratados de Libre Comercio con los Estados Unidos. Chavez explica, en parte el mismo fenómeno, mediante el ingreso al MERCOSUR con su billetera llena de petrodolares obtenidos de venderle los hidrocarburos venezolanos a quien paradojalmente más critica.

En suma, la historia demuestra que nuestra región prosperó como tal en aquellos períodos en que se fortalecieron las políticas cooperativas, no las confrontativas. Y que, de nuevo, nos encontramos viviendo en el período de políticas más abiertamente confrontativas con la región desde que recuperamos la democracia.

De hecho, no son pocos los observadores que señalan un creciente abandono de nuestro eje tradicional Chile-Argentina-Brasil, después devenido en Mercosur más Chile, para pasar a un alineamiento novedoso con Evo Morales, Hugo Chávez y Fidel Castro, tres gobernantes que, precisamente, exhiben una tendencia al conflicto marcadamente mayor que las de Bachelet, Lula o Tabaré Vázquez. Esa es la dirección en la que nosotros vamos.

El otro indicio de nuestro retroceso en política exterior es el del juridicismo, entendido como una reducción de los problemas a sus aspectos legales, de derecho, con abstracción o minusvaloración de todo otro dato o elemento de la realidad, prácticamente identificando hasta confundirlos, a la política exterior con el derecho internacional.

Todos conocemos a una o más personas de esas que pasan por la vida dedicándose siempre a tener razón. Por lo general no solucionan ningún problema, pero eso si, en todos los casos se enorgullecen de haber tenido razón.

Con los países puede pasar lo mismo: ante la impotencia de poder cambiar los datos de la realidad, emigran a posiciones meramente principistas, confortablemente refugiados en el mundo del derecho y conformándose simplemente con tener razón, mientras más se desentienden de la realidad.

Malvinas es un caso dramático de juridicismo en que, desgraciadamente, nuestros justísimos reclamos basados en el derecho han demostrado ser sumamente útiles y necesarios pero, también, notoriamente insuficientes: hace medio siglo que existen las Naciones Unidas, peregrinamos allí todos los años y no hemos conseguido que nos devuelvan las islas. Y si alguien intenta hacer algo más, como el caso del ex canciller Guido Di Tella, quien intentó entablar negociaciones directas con Gran Bretaña, para tratar de modificar esa realidad en beneficio de nuestros intereses, es casi seguro que termina siendo acusado de traidor a la Patria.

El retorno al juridicismo no se agota en el tratamiento de Malvinas.

Fíjense qué ocurre más recientemente: cuando tenemos un diferendo nada menos que con el Uruguay, nuestra agenda diplomática se le escapa de las manos a Bielsa y a Taiana, y pasa a conducirla la Asamblea de Activistas de Gualeguaychú, entonces terminamos clausurando todo diálogo y toda negociación inteligente para llevar el caso ante el tribunal de La Haya. De esta manera, confesamos nuestra impotencia para administrar los conflictos en dirección a un acuerdo superador del problema. Y corremos a refugiarnos en algún Tribunal en procura de que alguien nos termine dando la razón, aunque eso no impida que las plantas se construyan igual. Resultado????: Perdimos 14 votos contra 1 -y ese uno fue de un argentino- . Alguien razonable esperaba otra cosa????

Me atrevo a asegurar que con la minería en Esquel pasará algo similar,....dentro de 3 años,...estaremos orgullosos de haber expulsado a las empresas mineras mediante leyes de discutible constitucionalidad, en base a que una vez -6 años antes, en 2003- en Esquel hubo gente que dijo NO al proyecto tal y como se había planteado,....sin embargo, los inminentes reclamos ante los tribunales arbitrales del CIADI que nos lloverán por la cabeza, nos obligaran a pagar cifras varias veces superiores al presupuesto provincial.

Otra vez, la confrontación política y las sistemáticas marchas de cada 4 de mes nos resultan ser un camino más simpático, heroico y épico, donde les enseñaremos a nuestros hijos que antes que dialogar y negociar,....hay que luchar, como nos lo vinieron a enseñar el dictador Fidel Castro y el presidente Hugo Chávez la semana pasada.

Eso si,.....aquellos que nos habrán embarcado en tamaño juicio, estarán ya lejos de los despachos legislativos que le dieron forma a leyes retroactivas como la 5000, la 5001 y la de reciente aprobación, que prohíbe la minería por 3 años. Como lejos estarán ya de las calles marchando aquellos 50 o 100 que presionaron por esta trampa sin retorno, porque a la hora de pagar,....los unos estarán ya retirados de la arena política, y los otros, disfrutando de sus jubilaciones estatales.

Dentro de 6 a 10 años, pagaran las próximas generaciones de chubutenses a las que no les consultamos nunca jamás, en ningún plebiscito, sobre el embargo de sus futuros salarios.

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