Fuente: Páginas del Sur
El ciudadano argentino retenido en Chile durante 11 días regresó a Esquel. Dijo que accionará legalmente contra los funcionarios de migraciones responsables de su calvario.
Por Dante Lobos
De un segundo a otro pasó de ser un ciudadano libre que intentaba cruzar la frontera entre Chile y Argentina, a ser un “delincuente” según los oficiales de migraciones del país trasandino. Y de un instante a otro, pasó de la incertidumbre sobre su futuro a conocer la noticia tan esperada: lo autorizaban a volver a Esquel.
Sólo aquello que está bajo el poder del capricho y la sinrazón puede variar tanto y en tan poco tiempo. Y la suerte, la vida de Rodolfo “Rolo” Pradere estaba sin duda en manos de la obstinación de “alguien” que deberá responder por tamaño despropósito.
Después de once días, el guía de pesca afincado hace muchos años en Esquel, pudo regresar a su casa, luego de que el Ministerio del Interior de Chile retirara la denuncia por la presunta entrada ilegal al vecino país. Así no más, como si nada hubiera pasado, un llamado telefónico le exigió a la Policía de Investigaciones que le notificara a Pradere que podía abandonar el país. Y Rolo y sus amigos que fueron a visitarlo a la frontera emprendieron el viaje de vuelta, como tendría que haber sucedido hace varios días. Pero este hombre de 53 años cercenado en su libertad individual, promete volver, pero en este caso para accionar legalmente contra los responsables de Migraciones que lo perjudicaron.
Cabe recordar que le pasado sábado 13, Rolo Pradere y sus amigos Diego Brand y Analía Bosch recorrieron los 75 kilómetros que separan Esquel de Futaleufú, para participar de una fiesta de casamiento. Al pasar por la Aduana chilena, Pradere no entregó (y nunca se lo pidieron), el duplicado de la tarjeta de control migratorio. Al regreso de la boda, los funcionarios trasandinos le reprocharon el no haber entregado dicho papel y lo acusaron de ingreso ilegal. Quizás la efervescencia que da un espacio de poder (aunque mínimo, acotado) hizo que el funcionario de la Policía de Investigaciones lo tildara de delincuente al vecino de Esquel, obligándolo a permanecer en Futaleufú hasta tanto resolvieran su situación de “ilegalidad”. Y así pasaron los días, once en total, sin respuestas concretas, sin certezas, sin imputaciones formales y sin derecho a defensa.
Hizo falta la presión de sus amigos, la ayuda del alcalde de Futaleufú, Arturo Carballo Pardo, las gestiones de algunos funcionarios argentinos, la cobertura de los medios de comunicación de Esquel para que el sentido común intente remediar algo que sobrepasó cualquier límite de legitimidad.
Sabía que en algún momento debía suceder, pero la incredulidad ante tantos amagues lo volvieron desconfiado. Estaba tomando mates y comiendo unas ricas facturas, al costado de un puente, con sus amigos Analía y Diego, cuando el Alcalde de Futaleufú recibió la noticia desde el Ministerio del Interior sobre la “liberación” de su forzado huésped.
“Rodolfo ya te puedes volver a Esquel” le dijo el funcionario local avergonzado por el disparate ajeno de sus compatriotas.
En el álbum familiar de Pradere quedará su foto con un cartel que reza a sus espaldas “Bienvenido a Chile”, que le traerá recuerdos tristes, la risa que revela el paso del un trago amargo, y el anhelo de encontrarse con tantos amigos chilenos que se hizo “gracias” a la falta del sentimiento de hermandad que une a los pueblos de cada lado de la frontera.
El ciudadano argentino retenido en Chile durante 11 días regresó a Esquel. Dijo que accionará legalmente contra los funcionarios de migraciones responsables de su calvario.
Por Dante Lobos
De un segundo a otro pasó de ser un ciudadano libre que intentaba cruzar la frontera entre Chile y Argentina, a ser un “delincuente” según los oficiales de migraciones del país trasandino. Y de un instante a otro, pasó de la incertidumbre sobre su futuro a conocer la noticia tan esperada: lo autorizaban a volver a Esquel.
Sólo aquello que está bajo el poder del capricho y la sinrazón puede variar tanto y en tan poco tiempo. Y la suerte, la vida de Rodolfo “Rolo” Pradere estaba sin duda en manos de la obstinación de “alguien” que deberá responder por tamaño despropósito.
Después de once días, el guía de pesca afincado hace muchos años en Esquel, pudo regresar a su casa, luego de que el Ministerio del Interior de Chile retirara la denuncia por la presunta entrada ilegal al vecino país. Así no más, como si nada hubiera pasado, un llamado telefónico le exigió a la Policía de Investigaciones que le notificara a Pradere que podía abandonar el país. Y Rolo y sus amigos que fueron a visitarlo a la frontera emprendieron el viaje de vuelta, como tendría que haber sucedido hace varios días. Pero este hombre de 53 años cercenado en su libertad individual, promete volver, pero en este caso para accionar legalmente contra los responsables de Migraciones que lo perjudicaron.
Cabe recordar que le pasado sábado 13, Rolo Pradere y sus amigos Diego Brand y Analía Bosch recorrieron los 75 kilómetros que separan Esquel de Futaleufú, para participar de una fiesta de casamiento. Al pasar por la Aduana chilena, Pradere no entregó (y nunca se lo pidieron), el duplicado de la tarjeta de control migratorio. Al regreso de la boda, los funcionarios trasandinos le reprocharon el no haber entregado dicho papel y lo acusaron de ingreso ilegal. Quizás la efervescencia que da un espacio de poder (aunque mínimo, acotado) hizo que el funcionario de la Policía de Investigaciones lo tildara de delincuente al vecino de Esquel, obligándolo a permanecer en Futaleufú hasta tanto resolvieran su situación de “ilegalidad”. Y así pasaron los días, once en total, sin respuestas concretas, sin certezas, sin imputaciones formales y sin derecho a defensa.
Hizo falta la presión de sus amigos, la ayuda del alcalde de Futaleufú, Arturo Carballo Pardo, las gestiones de algunos funcionarios argentinos, la cobertura de los medios de comunicación de Esquel para que el sentido común intente remediar algo que sobrepasó cualquier límite de legitimidad.
Sabía que en algún momento debía suceder, pero la incredulidad ante tantos amagues lo volvieron desconfiado. Estaba tomando mates y comiendo unas ricas facturas, al costado de un puente, con sus amigos Analía y Diego, cuando el Alcalde de Futaleufú recibió la noticia desde el Ministerio del Interior sobre la “liberación” de su forzado huésped.
“Rodolfo ya te puedes volver a Esquel” le dijo el funcionario local avergonzado por el disparate ajeno de sus compatriotas.
En el álbum familiar de Pradere quedará su foto con un cartel que reza a sus espaldas “Bienvenido a Chile”, que le traerá recuerdos tristes, la risa que revela el paso del un trago amargo, y el anhelo de encontrarse con tantos amigos chilenos que se hizo “gracias” a la falta del sentimiento de hermandad que une a los pueblos de cada lado de la frontera.





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