martes, octubre 23, 2007

Rehén del sinsentido: Un esquelense varado en Chile

Fuente: Páginas del Sur

Por Dante Lobos

Rolo Pradere cruzó la frontera por cuatro horas y al regresar lo acusaron de haberlo hecho ilegalmente por no presentar un papel de migraciones. Hace diez días que no lo dejan regresar sin darle ninguna respuesta. Le contó a Páginas del Sur sobre su angustiosa estadía.

Un largo número telefónico de doce cifras es el esporádico medio de contacto que tiene Rolo Pradere con su familia, sus amigos y la gente que se interesa por el. Lo llame para conocer en primera persona una historia que viaja de lo increíble a lo absurdo. El reconocido guía de pesca de la zona cruzó la frontera hacia Chile por cuatro horas y hace diez días que no lo dejan regresar a su casa en Esquel.

Era el mediodía del sábado 13 de octubre y faltaba el último paso para llegar a Futaleufú, localidad chilena distante 75 km. de Esquel. Invitados a un casamiento en el vecino país, Analía, Diego y Rolo emprendieron el viaje. Al llegar al puesto de control de Gendarmería Nacional hicieron los papeles de rigor, y unos cien metros adelante detuvieron la marcha del vehículo nuevamente para hacer lo propio en el área de migraciones de Chile.

Pradere llenó y firmó el “Formulario de Declaración Jurada” del Servicio Agrícola y Ganadero, preguntó si estaba “todo bien” y le respondieron que sí. “Nos despedimos y nos fuimos al casamiento”, cuenta el viajero.

A las 4 de la tarde regresaron con destino a Esquel. Esta vez debían pasar por la aduana chilena y luego por el puesto de Gendarmería. Pero allí empezó el calvario de Pradere. “Volvimos y mostré los documentos con los papeles adentro y me dicen ‘pero usted no hizo migraciones”, cuenta Rolo, quien además admite que cometió un error: “le dije ‘la verdad es que no me di cuenta”. Le exigían, además del formulario del Servicio Agrícola, la tarjeta de turista, algo que omitió completar en el ingreso.

Inmediatamente el funcionario chileno, que identificó como Mauricio Toro, le increpó que había cometido “un delito”: ingresar ilegalmente por un paso fronterizo.

Rolo quiso enmendar su equivocación. Lo hicieron pasar a un cuarto contiguo a la sala principal de la aduana para labrar un acta.

Pensó que con la reprimenda administrativa se resolvería la situación: “hasta ahí las cosas andaban más o menos bien” recuerda amargamente a través del teléfono. Al tiempo que relataba lo sucedido, se preguntaba y le preguntaba al funcionario: “con que fin voy a entrar ilegalmente a Chile para ir a un casamiento”, tratando de demostrarle lo absurdo de la acusación.

“Firme cinco copias, porque el tipo me dio a entender que era lo que había que hacer para que todo esto se solucionara y me dejaran pasar. Pedí una copia y me la negaron y me dijeron que estaba detenido porque el delito que había cometido era grave”.
Le reclamó que ellos podrían haberlo guiado sobre la totalidad de los papeles que debía completar y le respondieron: “no, nosotros no tenemos que informarle nada, usted tiene que conocer las leyes de este país”.

“Es una locura”

“Era algo de película, era insólito hasta risible” dice Pradere. Y tan risible era que su amiga Analía comparó su situación con la del personaje de Tom Hanks en la película “La Terminal”. Allí se cuenta la historia de un hombre que pasa meses en un aeropuerto, preso de la burocracia estadounidense para con los extranjeros. “Nos reímos” recuerda Rolo y reconoce: “quizás esto le cayó mal a esta gente y una de las empleadas llamó a carabineros, que vinieron como si fuéramos delincuentes.

Luego el empleado de aduana Mauricio Toro “me dijo que tenía que firmar unos papeles con un montón de leyes y artículos”. Tamaña sorpresa se llevó al leer sobre el final del documento que decía “delincuente”. “Yo esto no lo voy a firmar, es una locura” contestó.

Y una lapidaria e inusitada decisión le fue impuesta: “por este delito, usted se va a tener que quedar acá unos cuantos días, porque este es un delito muy importante, va a tener que pagar una multa y va a ser expulsado de Chile”.

Desde hace diez días, el guía de pesca de 53 años está varado en Chile. Vive con dinero prestado en una posada y se reconforta con el buen trato y el apoyo de los lugareños, incluyendo el Alcalde de Futaleufú.

“Acá no tenés derecho a la legitima defensa, no podés contestar porque en definitiva no te imputan de nada. Mandaron un informe como que si nosotros los hubiésemos insultado, que me negué a pagar una multa” comenta Rolo y agrega, “es el informe que armaron para perjudicarme y dejarme acá”.

Está esperando una respuesta de la Embajada Argentina en Santiago de Chile, pero hasta ahora nadie se comunicó.

Quiere volver a su casa, quiere ver a su esposa Cecilia y a sus hijas. “Me hicieron perder diez días de mi vida, es una cosa tremenda” dice Rolo Pradere, varado en Chile, rehén del sinsentido.

Lo que perdió

Ayer debía rendir un examen en Parques Nacionales, que le permitiría trabajara en el verano en su profesión (y sustento de su familia): guía de pesca. “Quizás me quede sin trabajo” dice angustiosamente.

Una de sus hijas vino el fatídico sábado 13 a visitarlo desde Buenos Aires. Viajó a Chile y aún no volvió “y no pude verla; mis hijas están desesperadas” comenta Rolo Pradere.

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