Enviado por Juan María EscobarEl 9 y 10 de diciembre de 2007 pasarán como hitos a la historia Argentina.
En 2005, el presidente Néstor Kirchner llevó al país al punto más alto de dignidad internacional en 30 años cuando, en la ciudad de Mar del Plata, libró junto a sus colegas del Mercosur la batalla final y definitiva contra el proyecto imperialista estadounidense del ALCA.
El 9 de diciembre 2007, un día antes de terminar su mandato, honra a Buenos Aires con la firma constitutiva del Banco del Sur. La fecha (un nuevo aniversario de Ayacucho) no parece casual. Se trata de un verdadero Ayacucho financiero que, quizás no esté de más recordarlo, era con la creación de la moneda común latinoamericana (para lo cual también se están dando los primeros pasos), la medida 57 del programa del Frente de Izquierda Popular de 1973.
El 10 de diciembre asumió la presidencia una mujer elegida por el voto popular para el mayor honor de un ciudadano de nuestra Patria: ser Presidenta de la Nación, lo que sucedió por primera vez en nuestra historia.
Cristina Fernández de Kirchner, que ya el día anterior había demostrado su profundo latinoamericanismo al recordarle al presidente de Brasil la deuda que teníamos con el Paraguay tras la que denominó, correctamente, "Guerra de la Triple Infamia", se inaugura en el cargo con un discurso que permite alentar las mejores esperanzas.
Ha llegado al puesto presidencial una mujer industrialista, latinoamericanista y democrática en el sentido más revolucionario del término: en el del respeto a los derechos de las mayorías populares.
Está dispuesta a ser, como siempre piden los sectores conservadores, "la presidenta de todos los argentinos". Pero solo si es para avanzar en el sentido de sus ideales: en su elogio a Hugo Chávez solo dijo que se trataba de un militar "de los buenos", de un "militar patriota". En su decisión de llevar a buen término los juicios contra todos los culpables por violaciones a los DDHH bajo el Proceso no hay revanchismo sino el ánimo de que "todos los argentinos podamos mirarnos a la cara" y de "separar la paja del trigo" en las FFAA.
En su propuesta de pacto social advirtió que no actuará como amanuense de los sectores empresariales.
Hace falta profundizar en estas líneas, porque aún mantienen casi incólume el poder de los sectores más antinacionales; pero el rumbo sigue siendo el correcto. Es de esperar que las estructuras en las que busque apoyo la Presidenta no sean las de obsecuentes y tecnócratas de los que tantos hay en las cercanías de todo gobierno popular, y que generalmente terminan abandonándolo tras haberlo llevado por el rumbo equivocado.
La apoyatura real a semejante proyecto tiene que estar en las calles, en el pueblo, en las masas dispuestas a pelear por la profundización y defensa de un gobierno que quizás ahora, en su segundo período, avance sobre lo más sustancial de la herencia oligárquica legada por el golpe de 1955.
El destino del gobierno de Cristina Fernández depende de que estas esperanzas no se vean defraudadas. Patria y Pueblo aportará con todas sus fuerzas a transformar el sistema político argentino y a profundizar y consolidar el rumbo latinoamericano de dignidad nacional que se insinuó durante la presidencia del Dr. Kirchner y, según anuncian los hechos y discursos que rodearon la asunción de mando de la Dra. Fernández, no se modificará en la de su esposa.
Mesa Nacional de Patria y Pueblo
Néstor Gorojovsky, Baylon Jerez, Almendra Cisneros de Lara, Rubén Rosmarino, Pablo López Fiorito y Lorena Vázquez.




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