lunes, mayo 26, 2008

Ley 815: Miguel Martínez relata el terror al que fue sometido por la policía de Chubut


Enviado por Gustavo Manuel Macayo

Primero se llevaron a los comunistas, pero a mí no me importó porque yo no era.
En seguida se llevaron a unos obreros, pero a mí no me importó porque yo tampoco era.
Después detuvieron a los sindicalistas, pero a mí no me importó porque yo no soy sindicalista.
Luego apresaron a unos curas, pero como yo no soy religioso, tampoco me importó".
"Ahora me llevan a mí, pero ya es tarde."

Bertolt Brecht.

Argentina Comodoro Rivadavia, Chubut "El terror antes y el terror después..." (por Miguel Angel de Boer)

“El terror antes y el terror después…”

“Fue después del mediodia, el viernes 16. Yo justo iba en un remis para el programa de Luenzo, en Fm del Mar.
Me había olvidado de algo y regresaba a buscarlo cuando en la Rivadavia, en una esquina, un patrullero nos hizo señas para que nos detuviéramos.
Ni bien paramos, se acercaron y ni alcancé a preguntarles que pasaba, cuando abrieron la puerta, me bajaron y sin decirme nada me esposaron con las manos atrás y me llevaron a la Seccional Segunda.
Yo les preguntaba porque me detenían, porque me esposaban, y no me respondían nada, imaginate. Me trasladaron sin decirme nada, y yo diciendo quien era, que hacía, adonde iba y nada.
Cuando llegamos, lo mismo. Seguían en silencio.
Me hicieron sacar todo lo que tenía encima, incluso el cinturón y los cordones, y yo insistiendo en preguntarles que era todo eso, y los tipos nada.
De ahí me condujeron a un calabozo. Oscuro. Estaba solo.
Sentí que el pasado se volvía a repetir.
Empecé a angustiarme y a tratar de no perder la calma, pero todo me resultaba confuso.
Trataba de entender qué estaba pasando. Por qué me detenían. Qué era lo que iba a pasar.
No me dejaron comunicar con nadie.
Estaba incomunicado y me iba desesperando porque salvo el conductor tampoco nadie sabía que yo estaba allí.
Pensaba, claro, que tal vez el chofer del remis pudiera avisarle a alguien, pero creo que sabía mi nombre, pues lo conozco de vista.
Además creo que tal vez estaría asustado.
El tiempo iba pasando y yo iba perdiendo la noción de la realidad.
Por momentos perdía la noción de donde estaba.
Se me venía todo encima.
Recuerdos de lo que me había pasado.
Creía que podían hacerme algo, pegarme, matarme, cualquier cosa.
En un momento sentí los cerrojos de la celda y me espanté.
Era el mismo ruido que cuando me tuvieron detenido durante la dictadura y vinieron a buscar a un compañero.
Al que no ví nunca mas.
Ahora sentía que me podían venir a buscar a mí.
Porque estaba totalmente confundido.
No sé cuanto tiempo transcurrió.
Trataba de volver a la realidad.
Estaba con una sed tremenda.
Me llevaron por un pasillo oscuro y sentí que me decían ahora te vamos a llevar a dar un paseíto, pero era que me acordaba lo que me había sucedido aquella vez.
Me costaba distinguir.
Fueron unos diez metros que duraron una eternidad, porque aquella vez todo concluyó con un simulacro de fusilamiento.
Pero ahora me daba cuenta que eso era del pasado.
Me llevaron y me sacaron fotos de frente y de perfil, y me preguntaron algunos datos.
Yo volví a preguntar qué era todo esto, cuál era el motivo de mi detención, si había alguna acusación, pero siguieron sin decirme nada.
Les dije que quería comunicarme con alguien o que ellos llamaran a mi familia.
Incluso les dí el nombre de personas públicamente conocidas para que averiguaran quien era yo, pero no hubo caso.
Además no tenían nada que los identificara.
Estaban con los uniformes pero sin identificación.
Me volvieron a llevar a la celda y les dije que quería ir al baño.
Me dijeron que fuera al fondo.
Qué fondo, pregunté.
Yo no quiero ir al fondo, quiero ir al baño, dije.
Vaya y haga allá en el fondo.
Era un pasillo oscurísimo, porque ya era medio de noche.
Pero no quise ir, estaba con miedo de que me hicieran algo.
Al final me llevaron otra vez a la celda.
Yo estaba cada vez más confuso.
Me parecía un sueño.
No sabía si era antes o ahora.
Si el pasado o el presente.
Una lucha entre lo real y lo irreal.
Estaba casi convencido que me iban a matar o hacerme desaparecer.
Pensé en que tenía que dejar alguna señal.
Entonces traté de ver si podía lastimarme para dejar sangre, para que pudieran identificarme.
No tenía con que hacerlo.
Así que se me ocurrió masturbarme y lo hice.
Dejando semen en distintas partes. Así al menos quedaba algo allí.
También oriné y defequé.
No sé cuánto había transcurrido y volvieron a sacarme.
Me dijeron que era un relevo y que por eso era otra gente.
Qué relevo dije. Relevo de qué. Aquí me hacen boleta, pensé.
Y otra vez me llevaron a una oficina y me sacaron fotos nuevamente.
Y me tomaron las huellas. Me trataron mejor.
Yo pensé, estos son los buenos ahora.
Me dijeron que no me preocupara.
Que me tomaban unos datos y que después me iba.
Pero porque todo esto, pregunté otra vez.
No pude avisarle a nadie y no me dan ninguna explicación, les dije.
Qué es todo esto, repetí.
No se preocupe que ya se va a ir.
Ahí no me acuerdo si me volvieron a llevar a la celda porque en un momento quedé con la cabeza en blanco.
Sé que me preguntaron si quería algo y les dije que quería tomar agua.
Cuando me trajeron agua, pensé que le podían haber puesto algo así que preferí no tomarla.
Tenía la garganta reseca, casi no podía hablar.
En todo ese tiempo sólo me había mojado los labios con mi orina.
Pero ahora, aunque no daba más de la sed, no les creía nada y desconfiaba de todo.
Más, porque en un momento me preguntaron qué amigos tenía, con quién me juntaba.
Eso me golpeó.
Me puse en alerta.
Persecutorio.
Pero qué me está preguntando le dije.
Es una preguntita me dijo, no se ponga así.
Yo trataba de no descontrolarme, porque sentía que se superponía todo.
En un momento quería volver a la celda porque ya me parecía el lugar mas seguro, un espacio conocido.
Ya era un lugar propio.
Había contado los barrotes.
Era familiar.
Lo prefería a que me estuvieran llevando de un lado a otro.
Eso me daba más miedo.
Eran como las diez u once de la noche, calculo, cuando me dijeron que me podía ir.
Me dieron todas las cosas y cuando quise hablar con el celular no tenia ni carga ni batería.
Pedí que me dejaran hablar por teléfono y me dijeron que no se podía.
Pedí que ellos lo hicieran y me dijeron que no había como hacerlo.
Antes de irme me hicieron firmar una declaración y cuando leo, al final decía: preguntado si quería comunicarse con alguien dijo que no.
No lo podía creer.
Esto no es cierto, como no voy a querer, si fue con lo que mas insistí y no me dieron lugar, les dije.
Entonces firmé y empecé a escribir: en disconformidad.
El tipo me dice: pero qué hace.
Cuando le expliqué, me amenazó, bueno usted sabrá lo que firma.
Al final quedó: en disc… Ya la noche era cerrada.
Tuve un momento tremendo.
De un miedo insoportable.
Cuando ya estaba del otro lado del mostrador.
Porque sentí que había como una frontera, una franquicia, entre adentro, adonde yo estaba, y afuera, adonde tenía que ir.
Salir era un riesgo.
No sabía que me iba a pasar.
Si me estaban esperando o qué.
Yo seguía solo.
Nadie me había venido a buscar.
Era evidente que nadie sabía que yo estaba ahí.
Sentí que estaba entre el terror que estaba antes de esa puerta y el terror del otro lado de esa puerta.
El terror antes y el terror después.
Sin saber qué hacer.
No me animaba a salir.
Al final decidí salir mirando para todos lados para ver que pasaba.
Si había alguien.
Y no sabía si correr, si caminar despacio.
No sabía el ritmo.
Y no había nadie.
Estaba desesperado.
No tenía una referencia, un ser humano en quien confiar.
Entonces me acordé y fui hasta la estación de servicio que está en Rivadavia y Alvear para ver si conseguía una tarjeta para el celular.
No tenían.
Me dijeron que había en un quiosco cruzando la avenida, pero yo tenía miedo de hacerlo.
En eso cruzó una pareja mayor y fui junto con ellos.
Allí cargué el celular y le avisé a mis amigos y a mi familia.
Me fueron a buscar y fuimos a casa, pero no quería estar por si iban a buscarme y por ellos también.
Fuimos a otra casa y por fin pude tranquilizarme un poco.
Hablamos de lo que íbamos a hacer.
La denuncia y todo eso.
Me di un baño durante no se cuanto tiempo.
Tratando se sacarme todo de encima.
Me dieron un tranquilizante y pude dormir.
Y recién a la mañana cuando me desperté y pude salir, sentí un soplo de aire fresco”.

Este es un resumen del relato que me compartió Miguel Martínez, querido amigo y compañero, con cuya autorización lo difundo. Luchador incansable, es con quien comenzamos hace poco la puesta en marcha de Encuentro por la Memoria en el Presente. Tiene una gran actividad cultural, programas radiales, y es referente en el ámbito de los DDHH.
Se han realizado las denuncias pertinentes a los fines de aclarar estos increíbles hechos.
No hay evidencia, hasta ahora, de que haya sido un acto deliberado contra su persona en particular, sino que ha sido fruto de alguna medida impartida a las fuerzas policiales en su lucha contra la “inseguridad” (la ley 815, que permite la detención por averiguación de antecedentes, nuevamente en vigencia a pesar de su inconstitucionalidad) o como declaró hoy 21, precisamente en el programa de Gonzalez Luenzo, el Jefe de la Unidad Regional “por qué se estaba realizando un operativo del cual no se podía dar información que justificó el accionar de las fuerzas, más porque el detenido se negó a identificarse” (¿?)
Es claro que cualquier persona que viva una situación como ésta, es víctima de un abuso y una injusticia. De hecho hay varios testimonios de hechos similares.
En el caso de Miguel es un episodio de un flagrante perjuicio, retraumatizante y lesivo a su dignidad y a su salud física y ni que mencionar para su salud mental.

Dr. Miguel Angel de Boer
Miércoles 21 de Mayo, 2008.
Comodoro Rivadavia, Chubut
Argentina
http://www.elpatagonico.net/index.php?item=nota&idn=24684&ref=hoy

La dirección de Miguel
miguelmartinez2005@gmail.com

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