lunes, marzo 14, 2011

“A los pueblos inocentes victimas de la tecnocracia”

Por RENACE

RENACE, como toda la humanidad, siente consternación por los sucesos de Japón. Esta red de organizaciones ecológicas surge el mismo año en que el pueblo de Chubut –centro de la Patagonia Argentina- iniciaba la lucha contra la instalación del Repositorio de Desechos Radiactivos de Alta Actividad, en la meseta de Gastre; pero 1986 también fue el año de Chernobyl.

En esa fecha un grupo de ecologistas y organizaciones ambientalistas, comprometimos unir esfuerzos que nos permitieran impedir la proliferación de plantas nucleares y al mismo tiempo enfrentar muchos otros impactos ambientales que acosan al planeta. Iniciamos la tarea de investigar y de formarnos para sostener nuestra posición en los debates y organizamos, impartimos y tomamos innumerables cursos, foros y conferencias intercambiando y socializando conocimientos. Rechazamos la instalación del primer basurero de desechos radiactivos del mundo, y al día de hoy, ningún país acusa gestión definitiva de esos residuos: no hay repositorio definitivo en el planeta.

Con este preámbulo queremos señalar que el colapso de los reactores nucleares de Japón, producto del terremoto que sacudió el norte de la isla, era predecible para muchos de nosotros y se suma a una larga lista de accidentes e incidentes en platas nucleoeléctricas en todos los continentes. No hay país que no haya registrado algún tipo de siniestro radiactivo en alguno de sus reactores. Fugas y contaminación radiactiva es cosa corriente pero en el universo de los barones nucleares la omisión, el ocultamiento y la mentira es una constante.

Cuando intentaron instalar el basurero nuclear de Gastre, una de las consignas de la autoridad internacional que rige en la materia, consistía en elegir una zona no sísmica. Los radionucleidos debían “descansar” seguros por cientos de miles de año debido a su alta vida activa y alejados de toda forma de vida por su peligrosidad. De manera que imaginar más de cincuenta reactores nucleares en una zona de alta sismicidad como la de Japón, era y es tan inconcebible como inaceptable para quienes siempre supimos que no se retorna de una catástrofe de la energía de fisión. Albert Einstein decía al respecto: “Tal como una navaja de afeitar en manos de un niño, los progresos se han vuelto un arma peligrosa. En vez de traernos libertad, la posesión de maravillosos medios de producción, nos trajo preocupaciones y hambre. Pero lo peor que trajo es la creación de medios para destruir la vida humana”.

No arriesgamos si decimos que los reactores siniestrados de Fukushima paralizarán muchos planes de generación de energía nucleoeléctrica. Es de esperar que la imagen humeante de la premonitoria nube radiactiva, producto de la explosión en la central de Fukushima, reaparezca al momento de inaugurar próximamente Atucha II en las puertas de Buenos Aires, sobre el Río de la Plata, y llame a la reflexión del poder político obligando a chilenos y brasileños a repensar sus proyectos nucleares, como ya ocurre en gran parte del mundo desarrollado. Esta parte del globo va en pos de la quimera nuclear. Nuestro propósito es impedirlo.

Nota relacionada: El accidente de Fukushima reabre el debate sobre las centrales nucleares y el riesgo para la población

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