martes, abril 16, 2013

“El odio en las redes sociales y el cuento de la ‘solidaridad argentina’”, por Romina Ferraris



Por Romina Ferraris *

Por estos días circula un cartel en Facebook que despertó mi ira pero también la necesidad de expresarme. No voy a copiar la imagen porque me desagrada demasiado y no pienso colaborar en su difusión, pero la describo: se ve el dibujo de un hombre vestido con traje, pelo bien peinado con jopo (aunque la imagen es en blanco y negro se nota que, por el juego de contrastes, es rubio), que extiende su mano izquierda a lo Micky Vainilla (el personaje de Capusotto) con el siguiente intercambio de palabras: “Eh, amigo” / “No soy tu amigo, negro de mierda”.

Todos los días nos topamos en el Face con el rechazo hacia “el otro” pero esta vez, definitivamente, colmó mi paciencia. Obviamente, lo denuncié como spam a la empresa -función que te permite aclarar por qué lo considerás de ese modo (en mi caso aclaré que era porque incitaba al odio)- y le envié un mensaje al emisor invitándolo a bajar la imagen de la red.

Seguramente no servirá de mucho y, encima, la persona que subió el cartel se enojará conmigo. Poco me importa. Lo que sí me preocupa es que se utilicen las redes sociales para odiar, para discriminar, para despreciar, para defender el statu quo, para desparramar el egoísmo de una sociedad que, evidentemente, no ha aprendido nada.
Por libre asociación, mi menté unió este hecho al de las recientes inundaciones en Capital y la ciudad de La Plata. Recordé cómo se machacó durante dos semanas con el discursito de “país solidario” y me embronqué más. Sin entrar a dirimir las responsabilidades de los gobiernos en todos sus estamentos, que las tienen, y en demasía (porque, además, necesitaría tres notas más, como mínimo) sentí que no podía dejar pasar el suceso de largo.

Y me encontré frente al siguiente dilema: ¿Somos realmente un país solidario o salimos en masa ante la emergencia para quedar bien una vez al año con nuestras conciencias?
Resolví pronto el dilema. A juzgar por los hechos, la historia y los archivos, estamos muy lejos de convertirnos en una sociedad solidaria. Lo que nos gusta predicar es la caridad, que no es lo mismo, y no contiene ninguno de los atributos de la verdadera solidaridad.

El gran escritor Eduardo Galeano establece una diferencia tajante entre las dos. Explica que la caridad es humillante porque se ejerce verticalmente y desde arriba (una mano da, desde arriba, y la otra recoge, desde abajo), humilla a quien la recibe y jamás altera las relaciones de poder. Por el contrario, la solidaridad es horizontal e implica respeto mutuo.

En otras palabras -y esto va por mi cuenta-, si queremos arrogarnos el mote de “país solidario” deberíamos ejercitar la solidaridad con el prójimo (en el sentido laico del término) todos los días, con pequeños actos, sin distinguir clases sociales, color de la piel, gustos, elecciones sexuales, etc.

Y en Argentina no ocurre eso. No hay compromiso solidario masivo, no velamos por “el otro”. Solemos acordarnos que existe la necesidad, la miseria, la carencia, sólo en casos puntuales: una tragedia climática, una campaña mediática de Cáritas o de la Red Solidaria, un incendio de grandes proporciones o un atentado. ¿Y el resto del año? ¿Y el día a día? ¿Nadie sufre? ¿Nadie necesita de nosotros? ¿No hay causas colectivas que defender?
Si a mí me sobra un colchón y lo donó ante una inundación, nadie lo niega, estoy realizando una buena acción. Pero eso no me genera ningún desprendimiento, ningún sacrificio. Sigo mi vida, me siento mejor conmigo mismo y descanso tranquilo. Fui “caritativo” pero no puse el cuerpo, no me comprometí. ¡Porque no me van a decir que llevar una bolsa de ropa a la Iglesia es verdadero compromiso! ¡No jodan!

La verdadera solidaridad busca un cambio, persigue la equidad, el bienestar común, por eso compromete a las dos partes, por eso implica respeto. En las villas hay carencias las 24 horas del día y es muy poca la gente que se adentra para tratar de revertir esa realidad. El resto mira desde afuera, con asco, como el hombre del cartel. Son “los otros”, los excluidos, que no merecen nada porque “viven de planes sociales”, los que no tienen los mismos derechos porque “nosotros pagamos los impuestos y ellos no”.
Y en esa acción de exclusión, de rechazo, que es tanto social como política, aparece la condena, la vida-destino de la que habla magistralmente el filósofo José Pablo Feinmann en un texto sobre la película “Los olvidados”, de Luis Buñuel (1950). Una producción que ya tiene diez años pero que no pierde vigencia. Se lo llevé a mis estudiantes la semana pasada luego de ver el film con ellos y quedaron impactados. Lo traigo a colación porque, también por asociación libre, sentí que me servía para esta ocasión.
En ese hermoso y crudo texto, Feinmann analiza la historia de Pedro, el protagonista de la película, un niño que nació en la pobreza y muere literalmente entre la basura (allí es tirado una vez muerto). Plantea que la vida de este joven es una vida-destino. “Pedro nació para morir así: entre la basura (en la que vivió y de la que nunca pudo salir) y entregado al olvido que rubrica la insignificancia de su vida”.

José Pablo pone en duda entonces uno de los valores de la cultura de Occidente (contraria a la de Oriente, la del destino marcado): el de la libertad, y explica: “El hombre nace para la libertad (…). Esto posibilita su responsabilidad moral. Hay que ser libre para ser responsable por elegir (digamos) el Bien o el Mal. Y aquí introduce a Sartre y expone que “si los hombres pierden su libertad es porque la enajenación surge de la praxis libre del agente práctico que se le vuelve en contra. En suma, la libertad es el fundamento de la alienación. Si hay ‘alineación’ es porque antes (y como fundamento) hubo libertad. ¿Cómo podría existir la enajenación si no hubiera algo que se enajene? Lo cual lleva a la fórmula fundante de la filosofía sartreana: ‘La libertad es el fundamento del ser’”.

Frente a esta explicación, Feinmann se pregunta si Sartre habrá visto la película de Buñuel y advierte que cuesta creer que Pedro enajene algo sencillamente porque nace enajenado, vive enajenado y muere como basura, es decir, nunca tuvo libertad para elegir entre el Bien y el Mal. “Pedro tiene una existencia-destino. Pedro, para decirlo a lo oriental, está escrito. Nació marcado. Nació con el destino escrito (…). Una vida-destino es una vida condena. Pedro nace en medio de una ‘materialidad’ insuperable. Nace en medio de lo que no hay y en ese medio nunca llegar a ‘ser’. O sí: llega a ser lo que siempre fue. Una nihilización social. Una marginado. Un excluido”, describe magistralmente.

En otras palabras, lo que plantea el filósofo es que “el que nació en la basura no sale de ella”, a menos que comience a surgir una sociedad sensible que “decida integrarlos y no matarlos. Educarlos y no llenarlos de plomo (…)”.

El problema es que esa sociedad no existe. Y menos en Argentina. Esta sociedad prefiere la caridad porque no hace peligrar el statu quo y permite calmar conciencias. Está todo bien mientras podamos entregar el colchón y huir, volver a nuestras vidas cómodas. Está todo bien mientras “los otros” no reclamen los mismos derechos. Porque hay gente que nace con futuro –los niños burgueses con derecho a la educación, a la salud y a la comida- y hay personas de segunda clase -los Pedros-, los que nacen en la basura y no deben salir de ella.

Por eso, la imagen que recorre Facebook por estos días, como tantas otras, demuestran que estamos muy lejos de ser un país solidario. Porque mientras haya “negros de mierda” que hay que distanciar, separar de “nosotros” (la posición de la mano del hombre no es inocente), mientras haya seres humanos de primera y de segunda, mientras juguemos a calmar conciencias en situación límites pero olvidemos al prójimo en el día a día, las vidas de muchos seguirán siendo vidas-condenas, vidas-basuras. Y ciertos destinos seguirán siendo escritos de antemano.

* DNI: 25.131.056 - Lic. en Comunicación / Docente

7 Comentá esta nota:

fermar dijo...

eduardo feinmann, posta? o el primo rebelde josé pablo?

Romina F. dijo...

Jaaa. Me equivoqué. Se ve que estaba pensando en el Feinmann malo y me traicionó el inconsciente. Era José Pablo.

Romina F. dijo...

Jaaa. Me equivoqué. Se ve que estaba pensando en el Feinmann malo y me traicionó el inconsciente. Era José Pablo.

RivarolaM dijo...

Adhiero a casi un 70 % del texto. Cómo no adherir cuando la mayoría de las frases redundan en valores morales que van más allá de la simple caridad verticalista? Como encontrarle un pero a tamaña declaración de lucha por profundizar la equidad social? Educativa, económica, de salud, de oportunidades. Simplemente de trato digno. No vi la imagen, pero creo en su interpretación y también la rechazo. Sobre todos los “fisic du rol” que describís, que le aclaro Licenciada, no sólo promueven el odio (quizás, en su visión unidireccional utilizaría el término discriminación) sino también el resentimiento y la estigmatización en ambos sentidos. Creo que eso se le escapó en su análisis. Aunque, sabemos, no es lo importante.
También abrazo la solidaridad verborragica, esa que lleva a tantos intelectuales a analizar, criticar, y describir con deberían ser los acciones humanas, las de los otros, más allá del “nosotros” que se utiliza. La alabo, porque la palabra, las imágenes y los discursos preparados en lugares calentitos, con recursos que seguramente no cuentan muchos de sus defendidos, también sirve para crear conciencia y hacerles ver al mundo cuan equivocado están. Son creadores de teorías irreprochables. No es poco involucrar tiempo y sapiencia. Sólo espero que no terminé ahí y continúe en actos más comprometidos que la de donar un colchón o letras para calmar las conciencias y la lengua.
El otro 30 % incluye frases como “viven de planes sociales” no comparto la vehemencia de creer que los planes sociales no afectan a todos y ayudan a alguien. No comparto tampoco la teoría de los malos ricos y los pobres buenos, no comparto la estratificación moral de clases, que es una forma de crear violencia. Y demás menesteres, pero seguramente a Ud., como dice, poco le importe.

Romina F. dijo...

Quizá no interpretaste bien mis palabras o yo no me expresé claramente. Jamás quise abonar la teoría de la estratificación moral de clases o la de los malos ricos y los pobres buenos. No creo en eso.
Y aunque, sí, escribo en mi casa calentita y recibí educación para elegir entre el bien y el mal, no soy de las que entregan colchones para calmar la consciencia. Por suerte, mis viejos me enseñaron el sentido de la solidaridad verdadera. Y trabajo todos los días para ejercerla. Obviamente, siempre se puede hacer más. No me erijo en dueña de la verdad,simplemente analicé fenómenos que nos cruzan como sociedad. Podés estar de acuerdo o no y lo respeto. Gracias por tu comentario.

RivarolaM dijo...

Gracias, por la pronta respuesta, la aclaración, la auto-crítica y por comentar que ejerce la solidaridad VERDADERA.

Marite Fernandez dijo...

Bueno, la próxima vez todos nos ponemos a criticar en blogs, y las personas se abrigan, limpian, duermen, toman agua potable, comen, reciben el aliciente de que miles de personas se mueven por ellos a través de su crítica al cuento de la solidaridad argentina. Seguro hay muchas cosas por mejorar, pero si eso le enseñaron sus padres, que tristeza.

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